viernes, 28 de diciembre de 2012
De lo que avino al Caballero del Sol con los dos caballeros que llevaban un caballero en un carro preso.
Ya las tinieblas de la pasada noche con la venida de los pálidos rayos de la
hermosa mañana desaparecían, cuando el novel caballero, habiéndose despedido de
sus amigos, armado de fuertes armas y sobre un negro y gran caballo, con sólo un
escudero, al camino se pone, tomando por aquella parte que más le aplacía, y a
las veces por donde su caballo lo guiaba. De las armas vos digo que eran
blancas, partidas con unas rayas de oro, sembradas entre unos manojos de doradas
saetas y unas medias y pequeñas lunas azules. De su cuello pendía un fuerte y
bien compasado escudo, el campo azul con un dorado sol que en medio de él
resplandecía. De esta manera seguía su voluntario destierro y su incierto camino
del Caballero del Sol, que así lo llamaron por el sol que traía en el escudo,
aunque él quería llamarse el Caballero Desterrado porque de su patria se había
de su propia voluntad desterrado.
Por espacio de diez días caminó el Caballero del Sol que cosa que de
contar sea no le avino. Ya el undécimo día con el encumbrado sol su mayor hervor
mostraba, cuando, caminando por una pequeña senda de una espesa floresta,
llegando a un camino que de través se hacía, sintió ruido de caballos y voces de
gentes que con prisa caminaban. A poco rato vio cómo diez villanos guarnidos de
capellinas y coraças y hachas delante un encubierto carro venían, al cual dos
armados caballeros seguían. Pero como el Caballero del Sol atendiese con deseo
de saber o que en el carro venía, el mayor de los caballeros de esta manera sus
palabras le embía:
-Caballero, ¿por ventura tenéis vos cuidado de registrar los que pasan
por esta floresta o cogéis vos el pasaje de esta vía? ¿Por qué no seguís vuestro
camino, y dejad de estar en atalaya para dar cuenta de lo que pasa? Yo pienso
que la priesa que nosotros llevamos debéis vos de tener de vagar y espacio, pues
tan asegurado estáis.
-Por cierto, dijo el Caballero del Sol, según vuestras desmesuradas
palabras, lo que yo por cortesía de vos quería saber ya lo tengo entendido, ca
algún preso debéis llevar en el cubierto carro, pues vos no queréis naide lo
vea, porque siempre veo los que malhacen aborrecer la luz y la compañía y amar
la soledad y la tiniebla. Por ende, o me descubrid y dad razón de lo que va en
el carro, o conmigo, aunque descuidado, sois en la batalla.
-Andad adelante con el carro, hermano, dijo el Caballero de la Floresta,
ca presto entiendo librar este pleito y seguiros.
Sin más aguardar, tomando del campo lo que les pareció, al más correr de
los caballos, las lanças fueron partidas en muchas pieças. Pero el Caballero de
la Floresta huyó falsado el escudo y la loriga, y fue herido en los pechos de
una mortal herida, aunque no vino a tierra, pero hubo perdido los estribos. El
Caballero del Sol pasó por él sin hacer algún revés; pero, como aquél que tenía
muchos enemigos adelante, viendo que le hacía menester poner toda diligencia y
esfuerço por vencer, en un punto vuelve sobre el Caballero de la Floresta y,
antes que en su entero acuerdo tornase, le hiere de dos tan pesados golpes por
cima del yelmo que del todo sin acuerdo vino a tierra, donde en breve espacio
fue muerto. Ya el otro caballero en la fuerça de su caballo, la lança baja,
contra el Caballero del Sol venía. Pero como aquél en quien no había punto de
cobardía, lo sale a recibir, el escudo embraçado y la espada alta. El Caballero
de la Floresta encontró al Caballero del Sol en soslayo del escudo y la lança no
prendió y el golpe salió vacío, pero topándose de los cuerpos el Caballero el
Sol le hirió de su espada por encima del hombro izquierdo y le cortó las
embraçaduras del escudo y lo hirió de una pequeña herida. El Caballero del Sol,
con la presteza de su caballo, volvió sobre él y le començó de cargar de duros y
espesos golpes, porque el Caballero de la Floresta, como el escudo hubiese
perdido, poca defensa hacía, que así se revolvía de unas partes a otras como la
oveja que huye del lobo. En tal manera lo començó de herir el Caballero del Sol
que en pequeña piaça lo traía tan cansado que a pocas cayera del caballo; lo
cual, como bien sintiese el Caballero del Sol, alçándose sobre los estribos y
echando el escudo a las espaldas, tomando la espada a dos manos lo hirió por
cima del yelmo de tal golpe que armadura ninguna le prestó que no fuese
mortalmente herido y viniese a tierra.
Piotr Ilich Chaikovski
Piotr Ilich Tchaikovskinota (en ruso: Пётр Ильич Чайковский, pronunciado [ˈpʲotr ɪlʲˈjit͡ɕ t͡ɕɪjˈkofskʲɪj]; Vótkinsk, 25 de abriljul./ 7 de mayo de 1840greg. – San Petersburgo, 25 de octubrejul./ 6 de noviembre de 1893.) fue un compositor ruso del período del Romanticismo. Es autor de algunas de las obras de música clásica más famosas del repertorio actual, como por ejemplo los ballets; El lago de los cisnes y El cascanueces, la Obertura 1812, la obertura-fantasía Romeo y Julieta, el Primer concierto para piano, el Concierto para violín, sus sinfonías Cuarta, Quinta y Sexta (Patética) y la ópera Eugenio Oneguin.
Nacido en una familia de clase media, la educación que recibió Tchaikovski estaba dirigida a prepararle como funcionario, a pesar de la precocidad musical que mostró. En contra de los deseos de su familia, decidió seguir una carrera musical y en 1862 accedió al Conservatorio de San Petersburgo, graduándose en 1865. La formación que recibió, formal y orientada al estilo musical occidental, lo apartó del movimiento contemporáneo nacionalista conocido como el «Grupo de los Cinco» conformado por un grupo de jóvenes compositores rusos, con los cuales Chaikovski mantuvo una relación profesional y de amistad a lo largo de su carrera.
Mientras desarrollaba su estilo, Tchaikovski escribió música en varios géneros y formas, incluyendo la sinfonía, ópera, ballet, música instrumental, de cámara y la canción. A pesar de contar con varios éxitos, nunca tuvo mucha confianza o seguridad en sí mismo y su vida estuvo salpicada por las crisis personales y periodos de depresión. Como factores que quizá contribuyeron a esto, pueden mencionarse su homosexualidad reprimida y el miedo a que se revelara su condición, su desastroso matrimonio y el repentino colapso de la única relación duradera que mantuvo en su vida adulta: su asociación de 13 años con la rica viuda Nadezhda von Meck. En medio de esta agitada vida personal, la reputación de Tchaikovski aumentó; recibió honores por parte del Zar, obtuvo una pensión vitalicia y fue alabado en las salas de conciertos de todo el mundo. Su repentina muerte a los 53 años suele atribuirse generalmente al cólera, pero algunos lo atribuyen a un suicidio.
A pesar de ser popular en las audiencias de todo el mundo, Tchaikovski recibió a veces duras críticas por parte de críticos y compositores. Sin embargo, su reputación como compositor de importancia es hoy en día segura, y ha desaparecido por completo el desdén con el que los críticos occidentales a principios y mediados del siglo XX catalogaban su música como vulgar y falta de pensamiento.
Nacido en una familia de clase media, la educación que recibió Tchaikovski estaba dirigida a prepararle como funcionario, a pesar de la precocidad musical que mostró. En contra de los deseos de su familia, decidió seguir una carrera musical y en 1862 accedió al Conservatorio de San Petersburgo, graduándose en 1865. La formación que recibió, formal y orientada al estilo musical occidental, lo apartó del movimiento contemporáneo nacionalista conocido como el «Grupo de los Cinco» conformado por un grupo de jóvenes compositores rusos, con los cuales Chaikovski mantuvo una relación profesional y de amistad a lo largo de su carrera.
Mientras desarrollaba su estilo, Tchaikovski escribió música en varios géneros y formas, incluyendo la sinfonía, ópera, ballet, música instrumental, de cámara y la canción. A pesar de contar con varios éxitos, nunca tuvo mucha confianza o seguridad en sí mismo y su vida estuvo salpicada por las crisis personales y periodos de depresión. Como factores que quizá contribuyeron a esto, pueden mencionarse su homosexualidad reprimida y el miedo a que se revelara su condición, su desastroso matrimonio y el repentino colapso de la única relación duradera que mantuvo en su vida adulta: su asociación de 13 años con la rica viuda Nadezhda von Meck. En medio de esta agitada vida personal, la reputación de Tchaikovski aumentó; recibió honores por parte del Zar, obtuvo una pensión vitalicia y fue alabado en las salas de conciertos de todo el mundo. Su repentina muerte a los 53 años suele atribuirse generalmente al cólera, pero algunos lo atribuyen a un suicidio.
A pesar de ser popular en las audiencias de todo el mundo, Tchaikovski recibió a veces duras críticas por parte de críticos y compositores. Sin embargo, su reputación como compositor de importancia es hoy en día segura, y ha desaparecido por completo el desdén con el que los críticos occidentales a principios y mediados del siglo XX catalogaban su música como vulgar y falta de pensamiento.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
Del nacimiento y criança del Caballero del Sol.
Dice la Prudencia: nació en España un doncel bello en el rostro y bien proporcionado en los miembros, de noble y claro linaje engendrado, cuyos padres, propia patria y nombre, de ruego del mismo, la Prudencia calla.
Fue criado a los pechos y en el regaço de su propia madre hasta la edad de los siete años, donde fue tomado y entregado de la mano de su propio padre a un sabio y discreto varón para ser enseñado en las artes liberales. Valieron tanto la buena diligencia del maestro y la aplicación y trabajo del discípulo, que en otros siete años alcançó gran parte de la gramática, retorica filosofía. Pero como el principal intento del padre fuese ensayarle y enseñarle en el arte militar, en el cual él había gastado la mayor parte de su vida, llevólo después de los catorce años a la corte del muy alto y poderoso Don Carlos, quinto de este nombre, Emperador de Roma, Rey de las Españas, etc., del cual no poco fue amado de los grandes y altos hombres de su corte muy mirado y estimado. Pero como la variable fortuna, cansa de dar vueltas a su rueda, mudó la quietud, sosiego y reposo de este caballero en destierro, desasosiego y trabajo, con mayor virtud de su persona y mayor gloria de su fama. Pues como en este caballero ya hiciese fin la edad de la adolescencia y la de la juventud floridamente començase su principio, y como en este tiempo los hombres sean dotados de mayor seso, su entendimiento fue irradiando su ánimo de nuevo pensamiento cercado y su coraçón de grande congoja combatido, representábasele en la imaginación que le sería bueno dejar la corte y peregrinar por los campos buscando su ventura, dejar el bullicio y tantas conversaciones y escoger la soledad, olvidar los pasatiempos y el regalo y hallar los trabajos y aspereza, desechar los delicados paños de brocado y sedas y vestir las fuertes armas, dejar la renta ganada e ir a buscar la fama perdida, desamparar la ociosidad donde nace el vicio e ir a buscar el trabajo y afán que engendran la virtud, según dice el Eccle XXXI: Multam malitiam docuit otiositas c, nisi cum priden de terum.
Juntamente con esto, una noche, pensando en muchas cosas a estas semejantes, de muy desvelado se adormió; donde le fue representado cómo habiendo de su propia voluntad desterrádose de la corte, después de largos trabajos y peligros, había venido en una tierra montuosa llena de silvas de arboles diversos de grandes espesuras y matas cerrada, poblada de fieras y otros tímidos y silvestres animales, hermoseada de muchas fuentes que con sus corrientes hacían dulce sonido, rodeada de un gran río donde se criaba abundancia de pescados, de manera que no faltaban fieras con que pelear, animales que caçar, aves que volar, peces que enredar. En lo más alto de estas montañas le parecía que hallaba un castillo, donde, habiendo reposado de los trabajos pasados, salía por reconocer la tierra, y entraba en una cueva que en lo más escondido de las montañas, entre gran maleza y unas hondas quiebras, se hacia, cuya puerta le parecía estar labrada estremadamente de cantería con figuras de talla muy al natural, en la cual se le representaba ver y hallar cosas tan altas, tan subidas, tan estrañas que le parecía que no eran cosas para comunicar con los hombres. A esta hora por un amigo fue con sobresalto despertado, ca ya gran rato era entrado del día, pero no por eso lo apartaba de su pensamiento, mas antes de día lo pensaba y de noche lo soñaba; tanto que, en esta batalla de sus pensamientos y en esta contienda de sus cuidados, determinó de poner fin con determinarse de se desterrar de la corte y seguir sus pensamientos e incierto viaje donde Dios y su ventura lo guiasen.
El caballero del sol - Argumento
Argumento hecho por el mismo autor sobre la peregrinación y continua batalla de la vida del hombre.
Ser el hombre nacido para trabajo, discreto lector, afírmalo la Sagrada Escritura. Nace el hombre turbia la memoria, ofuscado el entendimiento y turbada la voluntad y sin el uso de la razón. Ve con los ojos y no conoce. Nace sordo de los oídos, mudo de la lengua, finalmente, atado de los pies y ligado de las manos. Nace desnudo, pobre y rodeado de toda miseria; y, por tanto, lo primero que hace después de la entrada que ha hecho en este mundo es llorar su nacimiento, su flaqueza y los trabajos que le esperan. Y con razón, porque los otros animales fieros, domésticos, ganados, pescados y aves nacen vestidos de gruesos cueros de pelos, cerdas, lanas, conchas o escamas. Nacen callados y muchos armados. En saliendo del vientre de la madre, o del casco del huevo, andan, maman, buscan su mantenimiento y aun siguen a sus propias madres y las aman y conocen. Por el contrario; es tanta la miseria y flaqueza del hombre que si no le reciben del vientre de su madre, no le apiadan, no le limpian, no le empañan, no le traen entre brazos, y no le llegan y dan la teta, no solamente no anda, no conoce a su madre, no la sigue, pero ni procura, ni atina a mamar, ni busca otro manjar, ni sabe otra cosa sino gemir y llorar y, como una cosa sin poder y sin provecho, se dejaría morir.
Pues a quien tantos trabajos acompañan en su nacimiento, en el proceso de la vida ¿quien los contará? Cuántas desgracias, cuántos infortunios, cuántas enfermedades, cuántas pérdidas, cuántas contiendas, cuántas afrentas y cuántos azotes de la adversa fortuna le esperan. De la muerte y sus trabajos no quiero decir más de que es la cosa más terribilísima y espantable que hay en la vida; para probar esto, basta decir que es privación de la misma vida. Allí huyen los amigos y le desamparan los parientes, y si al uno le regala es más por heredarle lo que deja que no para ayudarle a sufrir el dolor de que se queja.
Después que el hombre ha pasado y atravesado la edad de la inocencia y llegado a los años de la discreción, cuando ya comienzan las potencias del alma a despertar, la razón a discernir y conocer el bien y el mal, los ojos a ver, las orejas a oír, y la lengua con discreción a hablar, llega por la posta otro mayor trabajo, que es una continua batalla con los desordenados deseos de la carne, una guerra con las tentaciones del demonio y una contienda con los vicios, engaños y trabajos del mundo. Considerando esto, decía Job, VII capítulo, que la vida del hombre es una continua guerra y un tener siempre asentado real sobre la tierra. De manera que, a este real que el hombre tiene asentado sobre la tierra, tres mortales enemigos le dan continua batería noche y día. La carne le lombardea con los continuos aguijones de la inmunda lujuria, convidándole, si se rinde, con placeres, comeres, regalos y fingido descanso. El demonio está en celada y le acecha siempre con turbados y malos pensamientos, le saltea con soberbias y aun le aflige con grandes tentaciones. El mundo le corre el campo, le combate y llega a manos y puñadas con pundonores, bandolerías, honrras, trajes y riquezas. Aunque con todo esto el hombre no está sin defensa contra tres tan mortales enemigos, porque le armó Dios de prudencia, sitióle y fortalecióle con consejo y diole por capitán y defensor a la razón. Armóle la cabeza de un yelmo de la memoria de la muerte para se defender del pecado y del demonio. Armóle de un arnés de temperancia para se amparar de las inmundicias y regalos de la carne. Fortalecióle de un escudo de paciencia para sufrir los encuentros de los trabajos, adversidades y casos desastrados de la fortuna. Guarnecióle de una espada del olvido de la vida para cortar las honras, vanaglorias, trajes, regalos y riquezas del mundo.
Viniendo pues al propósito, digo que el Caballero del Sol, considerando todas estas cosas y más que con el trabajo se alcanza la prez y la honra de la caballería del hombre y la virtud y renombre de bueno en esta vida y la deseada bienaventuranza en la otra, y de la ociosidad, que es madre de todos los vicios, madrasta de la virtud y arma a dos manos del enemigo, nacen todos los males, determino de se partir de la corte y propia tierra, de desechar el regalo y la holganza y ociosidad e ir desterrado de su voluntad a buscar la prez honra de la cristiana caballería y no cansar hasta hallar y seguir el camino de la virtud. Debajo de lo cual el autor representa a los lectores la peregrinación de toda la vida del hombre, la caballería cristiana y la continua batalla con los vicios, y enseña el estrecho camino de la virtud poniendo dos caminos, el de la perdición, que es el de los placeres, regalos y riquezas de este mundo y vida y su desastrado y lloroso fin, después del cual se sigue la eterna pena; el de la vida, que es el de la virtud, de los trabajos y continua batalla de los vicios y su glorioso fin, después del cual sigue la perpetua holganza. Debe advertir el lector que en aquellos capítulos que se ponen en estilo que parece profano, hasta que Pelio Roseo sale a buscar al Caballero del Sol perdido, ha de considerar más que la letra, porque tienen encubierta su moralidad y debajo del casco está la médula del sabroso manjar, porque todo lo demás va harto entendido aunque también lleva sus maneras de figuras y pasos que van representando cosas que acontecen al hombre en la peregrinación y proceso de su vida, los cuales conviene que sean muy bien entendidos. Y puesto que alguno tome hastío en lo primero, hasta llegar al buscar de Pelio Roseo, no se canse, porque hallara adelante una tan sabrosa historia y tan provechosa que leyendola le dará, como la buena fruta, sabor y olor; pensándola, mirándola le acrecentara la virtud y le huyentará el vicio, le traerá memoria de la muerte, le dará olvido de la vida, le enseñará el camino de la virtud y trabajosa contienda de la vida del hombre, y le hará menospreciar el mundo y sus vanas promesas y huir del camino de la perdición, y finalmente le enseñará a bien vivir y le dirá cómo mejor sepa y pueda acabar y morir en el Señor.
lunes, 24 de diciembre de 2012
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